Zulma Malvar: Una muestra de ADN descartaria la participación de su hijo y su nuera en el crimen

Zulma Malvar
Zulma Malvar

Hoy se cumplen cuatro meses del crimen de la ginecóloga de Puerto San Julián, Zulma Malvar. De qué se tratan las muestras de ADN que fueron encontradas y que no pertenecen a la víctima, qué medidas nuevas surgieron en el expediente y cómo fue que la Policía intentó resolver el caso con indicios que apuntaban a la familia. “Somos los primeros interesados en que el caso se resuelva”, dijo el juez de la causa.

Esta tarde las organizaciones que reclaman justicia por la médica Zulma Malvar volverán a reunirse en el mástil de Puerto San Julián, para pedir celeridad en la investigación de un crimen que, no tienen dudas, fue por cuestiones de género.

El 18 de julio, cuando el hijo de Zulma encontró su cuerpo tirado en el patio y semidesnudo, quienes participaron de los primeros minutos del análisis de la escena echaron a rodar una serie de teorías vinculadas a un ataque sexual que luego fue descartado.

En el cuerpo de Zulma no hubo rastros de fluidos ni elementos que sostuvieran esa idea y la ausencia de ropa interior fue claramente explicada por una empleada doméstica.

Como esa idea, más tarde se cayeron otras, porque durante los primeros días de la investigación un equipo de policías con amplia experiencia, que había participado del esclarecimiento del crimen familiar del comerciante Vicente Maillo, sostuvo que el hecho de que la casa no hubiese sido robada y de que fuese el hijo de Zulma quien la encontró, daba lugar a una suerte de venganza en el núcleo más cercano.

Aparece entonces una nuera con supuesta mala relación con la víctima y el foco se puso sobre quién era esa mujer, su estilo de vida y su pasado, con escraches en redes sociales que mostraban su cara.

Si por esos días cualquier periodista hablaba con una fuente policial, se notaba el malestar con el juzgado, porque sostenían haber aportado todos los elementos para centrar el móvil de la muerte de la ginecóloga en que tal vez ella había sido quien hizo que su hijo se separase de la mujer y eso, en una mente de nuera retorcida, era suficiente para matarla.

Como dato ‘científico’, surgió que los perros que siguen el rastro de las víctimas de homicidio habían persistentemente hecho un camino que iba desde la casa de Zulma a la del hijo, ubicada en la otra punta de la misma cuadra.

La idea de un crimen familiar y la de ninguna detención generaba todavía más suspicacias en este caso, porque se sabe que el hijo de Zulma trabaja en el Juzgado de Instrucción que llega adelante la investigación.

Había entonces una nuera despechada, un hijo dispuesto a colaborar con su mujer para sacar a la madre del medio y, además, los contactos suficientes como para cubrir todo en el juzgado. Sin dudas, la historia era explosiva, salvo que todo era falso.

El hijo de la ginecóloga y su ex mujer fueron de manera voluntaria a ofrecer muestras de sangre para cotejarlas con la que se encontró en la escena del crimen. No hay rastros de ellos en el cuerpo de la víctima.

Además, fue la propia Policía la que reconoció que los rastros de los perros no eran determinantes porque seguían el circuito que el hijo de Zulma hacía varias veces en el día cuando le tocaba atender a su abuela, una mujer con Alzheimer que estaba en la casa la noche del asesinato, pero de la que no se pudo tomar testimonio.

La Policía también sugirió que otros dos hijos de Zulma pudieron estar involucrados, porque hacía poco habían vuelto a la localidad. Pero todo eso quedó descartado ante la ausencia de elementos que los vincularan con el crimen, razón por la cual se les permitió a todos ser querellantes.

Sin embargo, el dato incontrastable surgió cuando, varias semanas después de iniciada la investigación, se detectó que cerca del cadáver había rastros de ADN que no eran de Zulma y tampoco de los presuntos señalados, los que ahora están siendo sometidos a un examen complejo.

Según pudo conocer La Opinión Austral, se trataría de material genético de un hombre y de una mujer, que fueron encontrados por especialistas del Laboratorio Regional Forense, que le sugirieron al juez Ludovico Pala que ordenase el estudio ‘mitocondrial’ en la Universidad de Buenos Aires.

Esas veinte muestras fueron giradas hace veinte días a la UBA, luego de que el Tribunal Superior de Justicia habilitara el pago por adelantado de cientos de miles de pesos para tener un resultado que estaría disponible aproximadamente en la segunda semana de diciembre.

Hay que recordar que en el inicio de la investigación, Pala estaba de licencia y su llegada puso las cosas en estricto hermetismo. Los medios, pasaron de hablar de femicidio a no tener novedades y la comunidad sanjulianense, organizada sobre todo en espacios universitarios y en la agrupación feminista ‘La Ola de mujeres’, comenzaron a solicitar que se produjeran avances.

Disgustado con el dispendio de información a la prensa, ya abocado al caso, el juez entonces la pidió a la Unidad Regional que le adjudicara sólo a dos personas para dedicarse al caso.

La actitud del juez Pala sigue siendo la misma, no dar notas ni información sobre el caso. En una comunicación telefónica que hizo este diario para este informe, insistió con que ventilar detalles a los medios pone en peligro la investigación.

“Nosotros seguimos investigando con mi equipo y obviamente que somos los primeros interesados en que el caso se resuelva”, sostuvo, aclarando que “tengo varios resultados pendientes”, pero “no voy a meter preso a alguien que tenga que largar a los diez días porque no tengo pruebas suficientes, no va a ser así”.

Nadie sabe nada

Zulma tenía 63 años, era una médica respetada y una vecina querida, tenía amistades, vida social y muchas personas que aportaron testimonios que la libraron de cualquier embrollo o circunstancia que la pusiera en peligro.

Aún así, en el expediente, que ya tiene ocho cuerpos, nadie se presentó de manera espontánea para decir que creyó haber escuchado algo la noche de su muerte o haber sabido por terceros quién pudo cometer el delito.

Si bien es cierto que ofrecer recompensa por algún dato es una posibilidad que no se descarta -aún cuando en los últimos cinco años no hubo permisos de ese tipo-, los investigadores están convencidos de que la clave está en la identificación de los rastros que está haciendo la UBA.

Descartada la familia, uno de los aspectos en los que se centró la investigación de Pala y del fiscal Alejandro Victoria fue su ámbito laboral. Zulma trabajaba hacía años en el Servicio de Ginecología del Hospital “Miguel Lombardich” y en la clínica Nuestra Señora del Valle.

Por eso, con la idea de que tal vez alguna paciente o familiar que creyera haber sido víctima de mala praxis pudiera haber pergeñado su asesinato, se pidieron los últimos dos años de historias clínicas de las personas atendidas por Zulma, sin que por ahora surgiera ningún indicio.

Como no hay móvil, es decir, una razón conocida por la cual alguien quisiera a Zulma muerta, no se descarta nada. Se están analizando conversaciones telefónicas y hasta se siguió la pista de una iglesia, a partir de un rumor de un testigo que finalmente no llegó a ningún lado.

La mecánica de la muerte tampoco es un tema absoluto. La causa está caratulada como “investigación sobre muerte” y aunque la autopsia determinó la existencia de golpes y asfixia, hubo puntos sobre los cuales el juez tuvo dudas y por eso solicitó un informe ampliatorio que todavía no le fue entregado.

Pero, sin dudas, el verdadero punto ciego en la causa es no haber podido establecer por dónde entró o entraron los asesinos, ya que de todas las cámaras de vigilancia que hay instaladas sobre la cuadra de la casa de Zulma, algunas no funcionaban y el resto no filmaban, sino que sólo eran de monitoreo, sin que la gente lo supiera.

Fuente: LOA (Sara Delgado)

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