Malos tratos en el Hospital Distrital a madre de bebé de 7 meses con fiebre

El Hospital Distrital de Puerto San Julián.
El Hospital Distrital de Puerto San Julián.

Cuando llevó a su hija a la guardia no la quisieron atender y pasó con altas temperaturas que oscilaron entre os 39 y 40 grados toda la noche.

Una madre y su bebé de 7 meses pasaron una noche de pesadilla debido a que en el Hospital Distrital no quisieron atenderlas.

Su hija tenía fiebre, y cuando buscaron atención en el Lombardich, el médico encargado de la guardia los despachó diciéndoles que vayan al consultorio respiratorio al siguiente día, cuando no siquiera la revisó y solo sabía que tenía temperatura.

El médico también le expresó a la madre que suministrara paracetamol a su bebé, pero ella le respondió que no tenía dinero para comprarlo.

Ante la respuesta, el profesional, en un acto de insensibilidad y enajenación, les respondió «y que quiere que haga. No me diga pelotudeces» y, como si no fuera suficiente maltrato, la mandó a que volviera a su casa por donde entró al hospital.

Así, sin paracetamol para aliviarle el dolor causado por la fiebre, la pobre criatura pasó una noche afiebrada y al borde las convulsiones en la casilla de 2×2 metros en la que viven sin calefacción y sitiadas tanto por la humedad como el frio.

Sin mayores recursos, la madre solo podía ayudarle, en el marco de un hogar humilde y sin calefacción, poniéndole un trapito mojado en cabeza.

Tuvieron que pasar esa noche eterna para que el bebé pudiera ser atendido por una pediatra. Quien le dijo a la madre que mandara a inyectar y suministrarle paf a su hija porque tiene un cuadro de broncoespasmo.

Esta triste aventura es tan solo un recorte del enorme mosaico de miserias que vive la gente humilde en Puerto San Julián en el marco de una verdadera lucha por sobrevivir de la que no quedan exentos ni los bebés.

En esa lucha cotidiana, algunos médicos del Hospital Distrital ponen un obstáculo tras otro en el derecho que tienen estas familias que viven al filo de la pobreza y la indigencia, en una casilla de 2×2 corroída por la humedad y sin calefacción como la madre y su bebé sobre quienes trata esta nota, a ser atendidas como cualquier otra.

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