La cuarentena ¿en verdad funciona?

Frente a las voces que critican la medida de aislamiento y agitan la desobediencia, se hace necesario reafirmar la necesidad de ser responsables y cuidar nuestra salud para protegernos entre todos ante el covid-19.

La cuarentena ha servido para prevenir con efectividad el avance del coronavirus. Si nos ponemos a analizar las estadísticas de personas infectadas y muertas por este virus, desde marzo hasta la fecha el país tiene tan solo 5.195 casos y 282 muertes.

El contraste con otros países en ese mismo lapso de tiempo es notorio. Podemos citar el caso de Brasil con 10 mil afectados y 614 muertos tan solo el día de ayer, que suman un total de 125 mil casos y más de 8 mil muertos, o Estados Unidos, con más de 1 millón de infectados de y 76 mil muertos.

A la vista de estas comparaciones, la medida de aislamiento dictada por el gobierno nacional ha resultado efectiva hasta el momento. Y es la mejor respuesta ante un virus impredecible que afecta a la población de mayor edad, así como a inmunodepresivos y gente con otras patologías desarrolladas.

La falsa polarización entre salud y economía.

Es cierto que la economía se ha resentido. También que se han agravado problemas pre-existentes a esta situación y surgido nuevos conflictos. La vida de todo el mundo ha cambiado. Son cuestiones que no ocurren solo en el país, también en todo el planeta.

Los críticos de esta medida apuntan a que causó la actual profundización de la crisis económica. Lo cierto es que la destrucción de empleos y los recortes salariales no son solo algo que ocurre en territorio nacional o es algo propio de los países que adoptaron el confinamiento obligatorio para todos. También está ocurriendo en Estados Unidos, donde hay 21 millones de nuevos desocupados, o en Brasil, donde la economía retrotraerá su actividad, en este año, a niveles de 2003. Países donde no se implementó la cuarentena.

Estos datos tiran por la borda la falsa dicotomia entre salud y economía. Si hay un grave problema de salud pública a escala mundial, como lo es la pandemia del covid-19, la economía global se detendrá con o sin aislamiento.

Las fronteras de los países son cerradas por prevención y aquellos que se empecinen en seguir comerciando, no lo pueden seguir haciendo como antes debido al bloqueo del flujo del capital que implican estos cierres. Ello se traduce en cierres de empresas, pérdidas de empleos, recortes salariales, caída del consumo y aumento de la pobreza.

Es mejor que caiga la economía y la salud sea preservada en la medida de lo posible a que caigan las dos variables. La economía puede volver a crecer, pero de la muerte no volvemos.

No es una enfermedad más.

Los que hablan del coronavirus como una enfermedad más, están equivocados. Se trata de un virus ante el que, si no se imponen barreras de distanciamiento y aislamiento, provoca altos niveles de contagios y muertos en un corto periodo de tiempo.

Como ejemplo de ello, basta solo con ver cómo crecen geométricamente los casos semanales en la nación brasilera y en los EE.UU. por no haber dictado medidas de cuarentena obligatoria para toda su población y privilegiar los negocios por sobre la salud.

En Argentina, o al menos en las regiones no muy densamente pobladas, todo parece encaminarse a una salida gradual de la cuarentena, o a la normalización de una cuarentena laxa, con salidas de esparcimiento y actividad comercial regulada. El riesgo de contagio en estos lugares, incluida la provincia de Santa Cruz, ha disminuido de manera notable. Esto habla del éxito de la medida de aislamiento.

Si el gobierno nacional no hubiera implementado la medida, la realidad sería bien distinta. Los muertos e infectados se hubieran multiplicado y el presidente habría adoptado de manera tardía el confinamiento para todos. Como sucedió en Italia, España, Francia y Reino Unido.

La responsabilidad del gobierno y el pueblo versus la irresponsabilidad del capital y sus voceros.

Es cierto que hay que solucionar problemas económicos y sociales urgentes que se suman a los que se heredaron de la desastrosa administración anterior. Los trabajadores de la economía informal y sus familias dependen de ollas populares y un subsidio al que es complicado acceder, otros tienen sus salarios recortados, muchas pymes están al borde de la quiebra y con dificultades para acceder al crédito, la inflación sube vertiginosamente y el peso se devalúa.

Son problemas que están siendo atendidos no sin dificultades. Sin embargo, la salud pública está siendo salvaguardada en la peor crisis sanitaria a nivel mundial de los últimos cien años.

Así y todo, siguen teniendo lugar las voces que privilegian la falta dicotomía de la economía versus la salud e inclusive llaman a la desobediencia popular. Responden al interés egoísta de ciertos sectores que no quieren ver interrumpida la acumulación fastuosa de capital en desmedro de la salud del resto de la población.

Son los mismos que no quieren pagar un impuesto que es vital para el financiamiento de subsidios a los sectores medios y bajos perjudicados por la actual crisis.

Quizás cuando pase esta situación se verá de una manera más nítida y clara quienes son los que instigan las sospechas y una irresponsable salida de la cuarentena en momentos en los cuales sigue siendo preciso mantenerla para lograr, en el corto plazo, una salida gradual y ordenada de ella. Cuando el peligro para la salud se encuentre neutralizado. No cuando lo dicte el capital por medio de sus voceros.

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