¿Intendente o jefe partidario? Gardonio minimizó problemas en oposición y gestión en Puerto San Julián

El intendente de Puerto San Julián Daniel Gardonio.
El intendente de Puerto San Julián Daniel Gardonio.

En un rol de dos cabezas que se presta para la confusión, el mandatario local y presidente de la UCR Santa Cruz habló de la interna partidaria y su gobierno.

El tener dos cargos, uno en el que debe representar a toda la sociedad sanjulianense y otro partidario, es un factor que borronea las fronteras de su discurso, pues su gestión pueden ser utilizada al mismo tiempo como plataforma electoral.

Daniel Gardonio brindo una entrevista a un medio local durante el mediodía de hoy en la que habló tanto de su gestión en la intendencia y de la interna en el partido que encabeza a nivel provincial.

En primer lugar, minimizó las observaciones realizadas sobre las notorias ausencias en la mesa opositora provincial reunida en Puerto San Julián.

En ese sentido, dijo que si hubo ausencias del radicalismo en el evento, ello fue así porque se trató de un encuentro entre los distintos partidos que conforman la alianza Cambia Santa Cruz, no solo de la UCR.

De esta manera, el en este caso jefe partidario quiso solapar las fuertes divisiones que existen en el interior del principal partido opositor.

Gobierno local

Después se refirió a aspectos de la intendencia. En ese marco habló de las paritarias municipales, que no sabe si serán del mismo porcentaje de aumento del año pasado.

También desmintió posibilidades de acomodos de empresas para que accedan siempre a licitaciones, como el caso de Chaltén.

Algo que dio como natural debido a una situación en la que la empresa siempre se presenta a adjudicaciones y, por ende, dada esa consistencia, generalmente se queda con muchas de ellas.

Después volvió a echarle la culpa al gobierno provincial de todos los límites o fallos que tiene la gestión local, debiéndose estas a una acusada falta de fondos que debe enviar Provincia al Municipio.

¿Intendente o jefe partidario?

Lo que trajo a colación esta situación, más allá de lo que dijo sobre ambos planos, es que resulta algo enrarecido el hecho de que ocupe en simultáneo un cargo público en el cual debe representar a todos los sectores o al menos flotar sobre ellos, y otro en el que solo representa a una fracción.

Así, cualquier persona desprevenida puede confundirse cuando el intendente y jefe partidario habla de la gestión de su gobierno y de su rol como presidente de un partido.

Cuando habla del gobierno, no se sabe si esa descripción puede ser utilizada como plataforma para el partido que lidera, y a la vez que trata con la cosa pública municipal, debe lidiar con asuntos políticos de un partido.

No se trata de la primera vez que sucede algo así en el país. Hay muchos y variados casos en todos los partidos. Sin embargo, no es algo que haga bien al sistema político.

Y es llamativo que este vicio de borrar las fronteras entre la conducción de un estado y de un partido, fusionándolas en un híbrido confuso, se practique en una fuerza supuestamente honestista y transparente como el radicalismo.

Parlamentarismo, un experimento interesante

Para evitar estos dislates en el futuro y en todo nivel de la conducción del estado y el gobierno, debería parlamentarizarse el sistema político.

¿A qué nos referimos con esto? A que haya un jefe de estado que no tenga cargos partidarios y represente puramente a todas las expresiones sociales cristalizadas en el poder público.

Y que también tenga lugar un jefe de gobierno conformado por una mayoría reflejada en una relación de fuerzas políticas al interior del poder legislativo.

Lo ideal es que esa reforma primero sea practicada a nivel Nación a efectos de ver como funciona ese parlamentarismo.

A priori sería lo que necesita el país, la provincia y el municipio, para salir del faccionalismo como tradición política argentina.

Un jefe de estado apoyado en todas las fuerzas políticas, y el jefe de un gobierno armado por la mayoría, que también en lo posible incluya a todos los sectores. Aunque este último es un cargo en el que sí pueden combinarse asuntos de gestión y de partidos.

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