Día Mundial de la Diversidad: aún mucho por hacer

Día Mundial de la Diversidad.
Día Mundial de la Diversidad.

Más allá de los avances en el reconocimiento de las minorías sexuales y de género, todavía perduran el conservadurismo y la persecución.

Cada Día de la Diversidad Sexual es una jornada en la que, además de celebrar el reconocimiento de las minorías sexuales y de género, también se hace un balance sobre los avances obtenidos como sociedad en el reconocimiento de derechos.

En el país y en el mundo hubo progresos notables durante los últimos diez años tanto en la visibilización de luchas por derechos como en la ampliación efectiva de los mismos. Podemos tomar como ejemplo la legalización del matrimonio igualitario en 2010 o el derecho al cambio de identidad.

Argentina ha registrado niveles ascendentes de tolerancia y reconocimiento del colectivo de identidades LGBTQQIIAAP (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, queer, cuestionamiento, intersexual, asexual, aliados y pansexual) como resultado de un proceso del que toma parte un amplio movimiento social, el apoyo de una sociedad civil activa y una dirigencia política favorable a los cambios.

La persecución todavía sigue

Sin embargo, aún persisten posturas conservadoras y que tienden a antagonizar con la ampliación de derechos hacia este colectivo. El rechazo se cristaliza en un amplio abanico de actitudes que van desde el insulto hasta la violencia seguida de muerte, pasando por la discriminación en el acceso al mercado laboral, la represión familiar y el abuso de poder.

Este conservadurismo tiene lugar, en especial, en aquellos territorios donde la religión y las tradiciones emanadas de ella ocupan un lugar preponderante en la vida diaria. Y señalan a la ampliación de derechos en relación a la diversidad sexual como el avance de una agenda o un «lobby gay» que amenaza con disolver las familias y los valores cristianos occidentales.

En Santa Cruz y en Puerto San Julián se da una situación dual, porque se tratan de lugares en donde el conservadurismo no domina todas las esferas de la comunidad. Parte de la dirigencia política y los movimientos sociales han tenido un consenso a favor para visibilizar reclamos y luchas del colectivo LGBTIQQIIAAP.

No obstante, aún hay sectores que no toleran estas transformaciones y discriminan a las minorías sexuales mediante la discriminación y la persecución. Podemos citar como ejemplo el caso reciente de la violencia policial ejercida sobre un joven al que agarraron a patadas solo por el hecho de ser gay.

La homofobia de las fuerzas policiales refleja que, más allá de los gestos políticos, las minorías sexuales siguen sufriendo abusos y violencia por parte no solo de las fuerzas de seguridad, sino también de elementos reaccionarios de la sociedad santacruceña.

Los cambios irreversibles no pueden detenerse

La ampliación de derechos y las luchas alrededor de un mayor reconocimiento por parte de las minorías sexuales y de género no deben ser entendidas como una amenaza a la familia y los valores cristianos. Son el reflejo mismo de una sociedad en transformación.

Nada puede mantenerse fijo e inmutable en el tiempo. Y eso afecta a las familias y los valores, que no mueren sino que se transforman al ser parte de la sociedad en la que se generan cambios.

Ya no hay tan solo mujeres y hombres, también tiene lugar un amplio abanico de géneros e identidades. Las familias del siglo XXI tampoco son más las familias del siglo XX. Lo mismo sucede con las sociedades y debería suceder con el estado y los gobienros.

Lo mejor es fluir con las transformaciones y no chocar de frente. Aceptar que vivimos en una sociedad cada vez más compleja e inestable, y buscar la manera de reconocer esa complejidad en el orden de lograr estabilidad, inclusión y bienestar para todes sean del género que sean, de la minoría sexual que sean, seas hombre, mujer, transexual, gay o asexual. Estés a favor o en contra del aborto legal, seguro y gratuito o prefieras o no fumar marihuana, por tan solo poner unos ejemplos de las decenas de luchas que tienen lugar en la sociedad civil.

El desafío en este siglo es lograr que el estado y la sociedad sean radicalmente plurales y haya derechos para todes. La lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual forma parte de ese desafío.

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