Buenos Aires flexibiliza la cuarentena en plena escalada de contagios por COVID-19.

Runners en los bosques de Palermo, Ciudad de Buenos Aires.
Runners en los bosques de Palermo, Ciudad de Buenos Aires.

La capital nacional y los municipios colindantes comenzaron una apertura gradual del periodo de aislamiento.

Los contagios en esa zona ascienden a 3.500 diarios en promedio. Más de un 75% del total nacional.

La ciudad de Buenos Aires y los municipios colindantes, que integran la provincia de Buenos Aires, transitan por los primeros días de una cuarentena flexibilizada.

Cuando la totalidad del país, con excepciones como Río Gallegos a nivel municipal o provincias como Chaco y Jujuy, ya se encontraba navegando por distintos grados de flexibilización en las restricciones, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) apenas comienza ese sendero de la llamada Nueva Normalidad.

Sin embargo, predomina la incertidumbre debido al alto grado de contagios por COVID-19 existentes a diario (mas de tres mil en promedio) que amenaza con seguir subiendo. Máxime teniendo en cuenta las últimas medidas que darán como resultado una mayor movilidad de los bonaerenses.

La cuarentena, que en un principio había tenido un alto grado de aceptación, se erosionó durante el último mes y medio. Esto se debió principalmente a las dificultades de los sectores medios y bajos para cumplirla sin que su poder adquisitivo no se viera mermado por la falta de trabajo y a la presión del poder económico concentrado en su afán de acumular capital sin importarle la salud de los trabajadores.

Como muestra de la actitud del 1% más rico, tenemos el hecho de que no desean cooperar con su aporte para aliviar la situación de los deciles más bajos en la escala socioeconómica por medio de un impuesto a la riqueza que financie un ingreso social solidario.

La falta de solidaridad de los ricos y la escasa espalda económica de un estado debilitado, que se encuentra avocado a la renegociación de una deuda externa exorbitante y precisa de ingresos para sostener un precario edificio de políticas de bienestar e inclusión social en plena crisis económica, terminaron por dinamitar la cuarentena.

Tanto el presidente Fernández como el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof y el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta confían en que la capacidad de los hospitales no se verá desbordada.

Lo cierto es que a partir de esta semana hasta al menos el dos de agosto una gran parte de las expectativas para que los casos no se disparen aun más reposan en la responsabilidad individual.

Si la situación de contagios se agrava, el AMBA volverá a restringir la movilidad a la situación previa. Habrá que ver a que costo lo hará si existe la necesidad. Pues gran parte de la población ya le tomó el pulso a las medidas y, sin ayuda económica para guardarse en sus casas, necesitan producir para vivir, aún a costa de contagiarse.

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